Las aguas vuelven a su cauce

 

Por Ander Barroso.-

Los grandes siempre se levantan después de una derrota. Lo hizo Fernando Alonso en Monza y el Barcelona no fue menos tras la estrepitosa derrota frente al Hércules. El equipo culé no tuvo rival en su primer partido de Champions y el Camp Nou volvió a disfrutar de lo lindo.

Mucho se había hablado después del fiasco liguero, pero lo cierto es que el hambre que tiene esta plantilla está por encima de cualquier hipótesis. Desde que Guardiola está en el banquillo, el Barca no ha perdido dos partidos consecutivos  y eso habla a las claras de la unión que existe en el vestuario blaugrana.

Busquets volvió a ser decisivo a la hora de buscar espacios. Y es que con Xavi e Iniesta ahogados en la presión griega, la labor del canterano es fundamental en el sistema de Guardiola. Es un hombre tan imprescindible como sus otros dos compañeros de la medular y probablemente con él en césped, muchos de los problemas del sábado no hubiesen existido.

Los pupilos de Nikos Nioplias trataron de ser un clon del Hércules, pero desde el primer minuto se evidenció que no serían un rival tan duro como el herculino. El Barca estuvo cómodo en todo momento y no sufrió a la hora de buscar la portería rival. Los catalanes abusaron de la lentitud de Ioannidis y la mayoría de las acciones ofensivas llegaron por la banda derecha.

Decía que el Barca no tuvo rival en ningún momento, pero aún así, el Panathinaikos se adelantó en su primera llegada a la portería de Valdés. Los fantasmas del sábado volvieron a aparecer y lo que en un principio tenía pinta de ser una gran noche de fútbol, cambió radicalmente de color con el tanto de Govou.

Era el minuto veinte y, hasta entonces, los de Guardiola habían rozado la perfección. El tanto fue demasiado botín para un equipo que no había dado ninguna señal de peligro. El extremo francés ganó la cartera a una defensa un tanto despistada.

Poco les duró la alegría a los griegos, ya que fue sacar de portería y Xavi se inventó un pase al hueco que dejó solo a Messi delante de Tzorbas. El argentino puso las cosas en su sitio.

La dinámica del partido fue la misma que la de los primeros veinte minutos. Dominio total del Barca y el Panathinaikos continuó sin morder ni atrás ni arriba. Fueron cinco goles, pero tranquilamente pudieron ser ocho.

Villa y nuevamente Messi, sentenciaron el encuentro antes del descanso.La segunda parte sobró. El Panathinaikos solo se asomo mediante alguna que otra internada de Leko, pero nada peligroso. Messi tuvo en sus botas el hat-trick, pero desperdició una pena máxima.

Pedro se apuntó a la fiesta goleadora al rematar en boca de gol otra maravilla de Messi   y el quinto tanto se hizo esperar hasta el último minuto, cuando Alves metió la cabeza para estrenarse esta campaña. Arranque inmejorable en Champions que de paso sirve para borrar de un plumazo las dudas generadas tras el pinchazo del sábado.

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